martes, 23 de febrero de 2010

En el blog de Orlando Barone (www.orlandobarone.blogspot.com) hay una carta abierta en la que describe las diferentes formas de ser rehenes. El domingo me asaltaron y el episodio con resolución feliz (al menos para mí) me dejó pensando.
Si bien no me lastimaron en el momento del robo, y como bonus track recibí la noticia de que los asaltantes habían sido apresados y que mis cosas me iban a ser restituidas, no zafé de los pasillos laberínticos de la burocracia.
Primero tuve que ir a hacer la denuncia a la Comisaría. Después de recibir un llamado tuve que ir a buscar mis cosas pero todavía no estaban. Más tarde y luego de recibir un segundo llamado tuve que volver y me derivaron a "Judiciales" en la misma comisaría pero no sabían de qué les hablaba hasta que gracias a la buena predisposición de una agente ayudante llegamos a la oficina del Principal que sí estaba al tanto. Todavía me quedaba firmar la declaratoria de la restitución, cuestión que demoró más de una hora porque la única impresora disponible (que desde mi desconocimiento cibernético puedo casi ubicar en la misma línea temporal de una Atari) se trababa, recibir la notificación del juzgado pertinente para ratificar judicialmente mis dichos, notificación que el Principal se empeñó en hacerme personalmente ( fue una hora más de espera porque en la Comisaría, que sin dudas cuenta con excelente personal policial, también se había recuperado un auto robado y el Principal insistió también en hablar personalmente con los afortunados damnificados) y hacer al día siguiente (es decir hoy) mi declaración en Tribunales.
Es allí donde lo de "los pasillos de la burocracia" se hace gráfico, no porque hayan tardado en tomar mi testimonio o puesto algún obstáculo para hacerlo, si no por los pasillos mismos... llegué al juzgado correspondiente de casualidad y a fuerza de preguntar a gente que bien intencionadamente me llevó a buen puerto. En fin, una experiencia.
Sobre el final de mi audiencia escucho que, en la recepción de la Secretaría en la que me encontraba, una mujer lloraba clamando por un hombre, el cual presumí es empleado del juzgado. Al salir la encontré llorosa en el banco del pasillo y, prejuicio mediante, pensé: si yo, damnificada de una situación soy rehén de los protocolos que la Justicia con su burocracia me imponen, ¿cuáles serán las instancias opresivas que deberán vivir los familiares y amigos de personas, inocentes o culpables, que están detenidas?

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