Me desperté "Tempranísimo" escuchando a Magdalena Ruiz Guiñazú por la radio y ya me deprimí. Aunque llovió y bajó la temperatura parece que el alerta naranja se puso rojo incandescente.
La verdad es que no termino de acostumbrarme a que la mayoría de los periodistas de reconocimiento vean todo mal. Hoy, el tema en cuestión es la remoción de Redrado y su reemplazo por Marcó de Pont en el Banco Central. Magdalena, según sus propias palabras está "preocupadísima".
¿Cuántos de nosotros, más allá de la bajada mediática, puede decirse en condiciones de evaluar las decisiones macroeconómicas, la actuación de Redrado, el potencial de Marcó de Pont o las funciones del Central?
O mejor, ¿cuántos de nosotros estamos en condiciones de valorar los conocimientos de Ruiz Guiñazú con respecto a estos temas?
Muchos de los periodistas que se muestran preocupados por la economía actual son los mismos que avizoraron esperanzados el regreso de Cavallo al Ministerio de esa cartera en el 2001. Con esto no digo que todos y cada uno no tenemos derecho a preocuparnos y emitir opinión con respecto a lo que sucede. No. Lo que digo es que los periodistas, comunicadores sociales, tienen además la responsabilidad de pesar cada una de sus palabras porque la gente, la tan mentada opinión pública, en este país donde hace no tanto pedimos que se vayan todos los políticos, les creen ( a los periodistas, digo). Además hay otra cuestión, y es que en el mundo en el que vivimos la realidad ya no es la nuestra, la más inmediata, si no la que nos muestran los medios de comunicación. La famosa realidad mediatizada nos hace escuchar al meteorólogo de turno en lugar de salir al balcón para decidir si nos llevamos la camperita.
Después de la última dictadura fueron juzgados particulares e instituciones, incluso algunos sectores de la sociedad civil hicieron un mea culpa haciéndose cargo de la parte que les toca (se puede pecar por acción u omisión); los únicos, y digo los únicos, que jamás fueron juzgados ni judicialmente, ni socialmente fueron los periodistas. Y siguieron opinando.
jueves, 4 de febrero de 2010
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
Como siempre un placer y un lujo leer y participar de este blog.
ResponderEliminarLas reflexiones de hoy me llevan a preguntarme como aprendemos a pensar? a construir opinión?
y donde deberíamos aprenderlo? en la escuela? en la familia?
Por empezar creo que es un tema complicado.Partiendo de que no todos tenemos las mismas posibilidades ni oportunidades.
Con respecto al sistema educativo creo que no podemos dejar de ver el carácter clasista de la enseñanza.(lo cual significa muchas cosas por ejemplo: que no iguala)
Que sea en la familia significaria que estaria teñido de la subjetividad de cada núcleo familiar. Lo cual también implica que no todos acceden a la cultura hegémonica.
Tal vez el enseñarnos a pensar debería ser una decisión política?
Algo así sucedió en la primer presidencia de Perón. Se priorizó a los niños, entendidos como un " bien común" y herederos de la nueva cultura política.
Se armó un nuevo perfil del ciudadano, como una clara demanda del régimen peronista (se formaron misiones pedagógicas,actividades culturales, etc)
Por supuesto que la doctrina de justicia social de Perón fue demagogia para muchos.
Finalmente creo que también en muchas ocasiones resulta más cómodo comprar lo que nos dicen, (diarios, revistas, radio)que analizar, hipotetizar, investigar,o reflexionar por nosotros mismos. (si es que desarrollamos el pensamiento crítico).